La creación del FAGC significa la salida a la calle y la lucha por la abolición de la citada ley de peligrosidad social que se derogó en 1979. Los primeros años de historia son años de reivindicación de nuestra existencia, del derecho a estar y a dar la cara con miles de actos, así como la organización de la primeraza manifestación en Barcelona en 1977. La lucha llegó a Euskadi, a Andalucía, a Madrid y a otras partes del Estado. Con la llegada del PSOE al poder se dio la primera crisis del movimiento, al apostar la parte más reformista del mismo por la integración como forma de normalización. Esto conllevaría la creación y potenciación de guettos gais como salida fácil donde poder vivir en la sociedad pero sin ‘molestar’. Sin duda, el movimiento GLT siempre ha tenido diferencias a la hora de entender cuál ha de ser su estrategia de lucha, encontrándose siempre con dos claros marcos de actuación: el ‘normalizador’ y el ‘transgresor y/o revolucionario’. Con la aparición del SIDA en 1985 las diferencias en el movimiento gai se acentúan más: parte del movimiento, fruto de la criminalización que se vive respeto al SIDA, decide reconvertir su lucha hacia la erradicación y autoayuda respecto a la pandemia; otra parte huye de la identificación y apuesta por un cambio global de esquemas y unir su lucha con la de otros movimientos sociales como el feminista y antimilitarista o posteriormente el okupa.
La pluralidad del movimiento GLT no responde a cuestiones de forma, sino que tiene un fuerte contenido ideológico y de marco de modelo social y de perspectivas de lucha. La actual consecución del derecho al matrimonio es una antigua reivindicación del movimiento gai reformista que centró toda su energía en este logro y, si bien es cierto que ha creado un agrio debate social, es la obtención de la normalización. Los años ‘90 traerían la explosión de mercado gai como objetivo: interesamos en tanto que objetivo económico. Esto traerá la construcción del modelo único gai, al que construir desde una falsa pero interesada visión clasista y consumista. Modelo que en ciudades como Madrid ha tenido su máximo esplendor en la creación de barrios exclusivos para gais, como el caso de Chueca, donde poder desarrollar la ‘trampa’ de la peseta rosa en su nivel más cruel y desideologizado. El momento actual del movimiento GLT pasa por quedarse en esa falsa normalidad o generar nuevas luchas que consoliden y humanicen nuestro devenir. |